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Cristina Sandaza

Hubo una primera vez que fui a Marruecos.

Y me enamoré.

Una llamada del muecín a la oración que me pareció y me sigue pareciendo flamenco… los olores, los sabores, la arquitectura, todo era reconocible para mí. 

Quizás más que amor sentí, de una manera irracional, que pertenecía a ese lugar.

Lo viví como un cierre del círculo de mi historia, de nuestra Historia, donde todas las piezas, de repente,  encajaron.

Con doble licenciatura en Historia del Arte y Humanidades, nómada y experta en arte musulmán, encuentro en Marruecos mi destino ideal. 

Era joven pero no me debería haber sorprendido pues esa conexión con Marruecos la llevo en mis genes.

Podríamos buscar en el relato de mi vida que provengo de Toledo, la ciudad de las Tres Culturas y que esos siglos de la España musulmana están grabados generación tras generación, pero mi historia es mucho más cercana.

Mis bisabuelos tuvieron panaderías en el norte de Marruecos y mi abuelo fue Regular en Tetuán, y militar destinado en el Aaiún. Hemos crecido en San Roque, en el Campo de Gibraltar,  donde los días de poniente el Estrecho nos regala las vistas a África, por tanto, de forma silenciosa, ha sido una presencia en nuestra casa.

Y un día, en uno de mis habituales viajes, tumbada en el desierto disfruté del manto de estrellas más increíble que había visto nunca y decidí que el resto del mundo tenía que ver ese cielo. Y fue el momento de fundar Dream Away.

 «Si lo sueñas, es posible». Y mi sueño lleva ya años siendo una realidad ofreciendo experiencias únicas, mi experiencia, mis vivencias, que inspiran más allá del entretenimiento, algunas irrepetibles pero sobre todo especiales para todo aquel que me acompaña.

Siempre al volver mi mejor publicidad sois vosotros, 

así que,

SUÉÑALO, VÍVELO, VIÁJALO.

Pedro Ledesma y Guadalupe Peña, mis bisabuelos, en una de sus panaderías. Ceuta (1935)

José Sandaza y Francisca Ledesma, mis abuelos, junto con mi tío Pedro Sandaza. Tetuán (1957)